domingo, 23 de junio de 2013

QUINCE AÑOS Y UN DÍA (2013), DE GRACIA QUEREJETA. EL REBELDE ADOLESCENTE.

De Gracia Querejeta me gustó mucho en su momento Cuando vuelvas a mi lado, una película que, como en la que nos ocupa, trata el tema de la familia. Jon, el protagonista, es retratado desde el principio como un adolescente rebelde y conflictivo, de esos que, aunque no llegan a ser exactamente delincuentes juveniles, son capaces de convertir la vida de sus padres en un pequeño infierno. Además, en su caso, solo convive con su madre, una mujer que se siente profesionalmente fracasada (una magnífica Maribel Verdú) y que no sabe qué hacer con su hijo. La única solución que se le ocurre es mandarlo una temporada con su abuelo, interpretado por Tito Valverde, un militar amargado, de vida estrictamente ordenada, pero cuyo carácter tiene más puntos en común con el de su nieto de los que ambos están dispuestos a reconocer.

Tratando de abarcar demasiados temas, Quince años y un día consigue sus mejores momentos gracias al retrato que Arón Piper ofrece de su personaje, interpretado con tanta naturalidad que realmente consigue irritar al espectador (en el buen sentido de la palabra) con su sentido nihilista de la existencia, con su discurso insolente de alguien que parece saberlo ya todo sobre la vida a la tierna edad de quince años. Ojalá los otros actores jóvenes que lo acompañan estuvieran a la altura, pero no hacen más que deslucir la función y restarle credibilidad a un relato que pretende abarcar demasiados asuntos y no consigue hilvanar totalmente ninguno de ellos.

Todo esto no quiere decir que la película no cuente con una dirección digna, pero cuenta con algunos problemas de guión, sobre todo cuando todo deriva en una trama criminal cuya resolución es mostrada al final en una escena aclaratoria que Querejeta podía haberse ahorrado: hubiera sido mucho más efectivo que el espectador se quedara con las dudas acerca de la autoría del crimen. 

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